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Alalay Ficciones al azar - Tierra de Caracoles turno 5 |
El padre y madre agarra el cubilete entre los dedos índice y pulgar, mientras los otros tres dedos centrales caminan sobre la mesa empujando hacia el cacho, los dados florecidos en el último pokar. Una vez todos dentro, lo levanta sonriente, y casi sin batirlo, luego de un medio giro en el aire, lo estrella sobre la mesa, esparciendo las caras abotonadas sobre el mantel.
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"Debo estar mal en amores" piensa para si, el
padre y madre. Mientras sonríe como si hubiese hecho una buena jugada.
Y es que para los ojos de sus amigos, resulta imposible creer que esa mujer
le haya hecho eso a él, a él que es tan buen mozo y con un
trabajo estable, a él que además tiene un carácter
agradable (casi jamás se enoja), a él que incluso cuando
toma unos tragos, sigue
siendo un buen padre, sigue pensando en su familia... Pareciera que los
tres restantes jugadores sentenciaran: "¿Quién putas
entiende a las mujeres?".
- ¡Todo sirve! Grita el anotador. Mientras el jugador deja en la mesa el as y la sena., y mete preocupado los otros tres dados, Esta vez desea sacar un buen tiro, quizás tres ases o tres senas, les borraría la sonrisa al equipo contrario. Con ese afán es que bate los dados y finalmente los arroja sobre la mesa. |
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- Fulichi
Indica con timidez, pero sabe perfectamente que no puede anotarse, pues ya lo tiene anotado. A este equipo sólo le queda dejar esa jugada flotando, y esperar que el compañero defienda la partida; pero tienen que elegir un puntaje, el que menos les afecte, y entonces el minero dice mientras recoge los dados como chispitas de esmeralda.
Y mirando con coraje de grupo, le dice al compañero - No estás sólo, mi hermano, no estás sólo. El padre y madre sonríe, pero prácticamente no lo está oyendo. Él está profundamente sumido en recuerdos y en un pensamiento: "Debe ser que ella se esta acordando de mi, por eso los dados no me hacen caso". |